El 7º arte y la Epilepsia (II): desestigmación de las crisis

El septimo arte 2

Películas que muestran los rasgos de la Epilepsia más allá del estigma que injustamente la ha caracterizado

De “la enfermedad de Hércules” a “la enfermedad sagrada” (morbus sacer), la epilepsia acumula a través de la historia múltiples nombres y en cada época ha sido tratada de una forma diferente.

En la actualidad, no podía ser diferente. La gran pantalla la aborda de muy distintas maneras. En unas películas, la epilepsia es un problema más entre los muchos que tiene el personaje principal. En otras, se utiliza para realzar el dramatismo de una enfermedad aún muy desconocida por la sociedad. Afortunadamente, no son pocas las películas que abordan el tema de las personas que sufren crisis epilépticas y contribuyen a la divulgación, a la visualización y a la comprensión de esta afección por parte de la sociedad.

Entre los films en los que la Epilepsia es el eje principal entorno al cual gira toda la trama encontramos Juramento Hipocrático (1997), dirigida por Jim Abrahams y protagonizada por Meryl Streep, que interpreta a una madre que lleva a cabo una lucha épica para conseguir un tratamiento médico para su hijo que presenta episodios epilépticos. En la actualidad, afortunadamente, la mayoría de personas que padecen la enfermedad la tienen perfectamente controlada con medicación y pueden llevar una vida como la de cualquier otra persona.

En Novecento (1976), dirigida por Bernardo Bertolucc, y que cuenta entre su reparto con Gerard Depardieu, Robert De Niro, Donald Sutherland o Burt Lancaster, entre otros, las convulsiones epilépticas las sufre un personaje secundario en la trama de la película. Este filme fue uno de los que precisamente puso una especie de “letra escarlata” a esta enfermedad que, décadas más tarde, encontró su mejor aliado en películas como la anteriormente mencionada con Streep a la cabeza o Mejor Imposible, (1997) con Jack Nicholson como personaje principal que sufre este trastorno neuronal. Una obra que ayudó a visualizar valiosos datos sobre esta enfermedad, a la vez que mostraba, como lo han hecho figuras cruciales de la Historia de la Humanidad, que padecerla no está reñido con la intelectualidad o el amor.

Además del género biográfico, como es el caso de películas como Juana de Arco o Alejandro Magno, hay otro registro que cumple con el mismo rigor y fidelidad a los datos, el documental cinematografiado, cuyo ejemplo más claro es Control (2007, Anton Corbijn), biopic sobre la banda de música Joy Division, donde el personaje de Ian Curtis, el intérprete, sufre un ataque de epilepsia en el escenario y es retirado en volandas mientras la banda sigue tocando y el público sigue bailando como si no hubiera pasado nada. Música electrónica, ambientes oscuros, y la epilepsia presentada como lo que es, una enfermedad que conlleva convulsiones pero no impide jamás una vida de éxito. La muerte de Curtis fue debida a otras causas, no a sus ataques debido a su dolencia neuronal.

Últimamente son varias las piezas del séptimo arte que muestran con mayor claridad la enfermedad. Es lo que ocurre con el filme Un amor de verano (2009), protagonizada por Bradley Rust Gray y So Yong Kim, en el que se narra el interesante comportamiento de una joven estudiante con epilepsia que ha aprendido a controlar y gestionar sus sentimientos y así evitar y/o controlar sus crisis epilépticas. Una película que, especialmente por este motivo, está considerada como el principal referente del nuevo cine independiente neoyorquino.

Aunque algunas veces el cine ha caído en una falta de respeto hacia quienes la padecen, o en un tratamiento demasiado banal de la enfermedad, en otras, el séptimo arte ha servido para que el gran público pueda comprender mejor que la epilepsia no merece ningún tabú social ni cultural ya que, con ayuda médica, es perfectamente controlable y compatible con una vida equiparable a la de cualquier persona.